«Pie derecho causa»…acomódense bien que ahí entran cuatro
Si en el Perú te diriges a una entidad pública o privada y para ganar tiempo decides preguntar algo al «guachimán» , normalmente, recibirás cuatro posibles respuestas: Afirmativo señor, negativo maestro, desconozco mayormente o el clásico no tengo conocimiento. Es verdad que las tres últimas son casi lo mismo, pero no pasa nada, porque esta especie de código de nuestros vigilantes particulares es digamos, inofensivo. Tú siempre podrás hacer tu colita (caballero nomás), e ingresar al lugar respectivo para que te atiendan.
Si después de hacer tus trámites en el centro de Lima utilizas el transporte público, al subir a la combi, coaster, micro o colectivo también recibirás algunas frases que ya no son tan inocentes ni pintorescas, por el contrario, reflejan una de nuestras peores problemáticas. Es como un bolón de nieve que crece más y más y se enquista en nuestra realidad como un putrefacto tumor del cual parece que no nos salvará ni el chapulín colorado: «Pie derecho causa» (es igual que seas chico o chica) , «acomódense que ese asiento es para cuatro» (cuando en realidad entran dos, o tres, según las dimensiones del pobre pasajero). Luego viene el descarado «avisen con tiempo, que está prohibido parar en esta esquina» , eso es para bajar, ya que para subir, nada está prohibido, y por último el clásico señores, «al fondo hay sitio» ( no confundir con la popular serie de televisión, que por lo menos sí tiene algo de gracioso).
El problema es muy grave, y a pesar de no ser ajeno a las principales capitales latinoamericanas, en la nuestra, obedece a múltiples y peores razones. Eso lo hace más que espinoso porque tiene tantas raíces, culpables e implicados, como rutas de transporte existen en nuestra castigada capital. Se trata de un servicio público anárquico y corrupto a la vez que vergonzoso y se requiere más que un metropolitano para solucionarlo. Necesitamos algo más que corredores viales, reordenamientos o un metro underground como en las ciudades europeas. En nuestra opinión, hay que matar primero al monstruo de tres cabezas principal culpable de esta trilogía del caos: los conductores, los dueños de la unidades y las empresas de transporte, esos son los primeros . Ya después de controlada la bestia se puede atacar todo lo demás como son el viejo parque automotor, los taxis informales, los policías de mano fácil y hacer una reeducación del peatón que se acostumbró a vivir con esto y es parte de la informalidad del servicio.
Los conductores corren y compiten entre ellos porque tienen que cubrir una cuota sino no cobran. Si para eso hay que trabajar más de 15 horas, se hace nomás. El dueño de la unidad, exige casi al destajo a su chofer, pero se niega a pagar seguros y reconocer los gastos médicos si ocurre algún accidente. Las empresas de transporte compiten deslealmente entre sí, muchas a la vez y en una sola ruta. Previamente, han roto las reglas del juego al obtener sin mayores controles rutas renovables cada seis meses, las cuales se consiguen por la ley del mejor postor, el soborno y casi nunca en licitaciones limpias.
Hasta el momento han fracasado todos los intentos, aunque Susana Villarán ha dispuesto que para julio del presente año todas las empresas tengan autobuses propios, y mantengan choferes asalariados para posteriormente renovar todas sus unidades. Luego las rutas se reducirían a cuatro por concesionario (actualmente puede haber hasta 80 autobuses por ruta). La intencion de la burgomaestre es buena, al igual que la de todas las anteriores administraciones. Según cálculos de Associated Press una sola ruta con 80 unidades puede general al año hasta 200.000 dólares en ingresos, aunque este concesionario solo paga 1600 dólares de tarifa administrativa por esta ruta. Esa, es una teta muy rica como para dejar de chuparla.
Foto: Perú21












Lo dicho en este artículo es totalmente cierto, resultado que nuestro vocabulario es muy amplio y lo utilizamos como nos da la gana