Parte del sistema
Ya han pasado cuatro meses desde que decidí el cambio. No creo que sea el tiempo adecuado para realizar un análisis objetivo de resultados y expectativas, pero, son tantas historias y cosas por decir que sí no empiezo por algo, pronto se me acumularán los párrafos.
Mi casa y mis cosas las tuve que dejar. No podía llevarlas conmigo y casi todo lo tuve que devolver, intercambiar, vender por Ebay, regalar y tirar a la basura. Así, en ese orden. Nunca antes había extrañado tanto unos colgadores de ropa, un cesto de basura, un par de simples vasos de vidrio, unas cortinas, frazadas, almohadas, plancha, sartén, espejo, jaboneras, bolsitas para acumular desperdicios y hasta un triste cuadro que se pueda colgar en la pared. Todo lo que no entra en una maleta de 20 kilos se quedó en mi querida Barcelona. Cada elemento tuvo diferentes rumbos, y de tanto en tanto, aparecen en mi mente recordándome lo desagradecido e infame que fui con ellos. Otra vez, la lección de la vida misma: Uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde. Sé que es un tema funcional y aquí todo lo puedo comprar otra vez…pero, esto es Londres señores. Cada gracia la pago en libras y al triple de su precio, además, ya no me saben tan mías como todo lo que dejé en mi profundo egoísmo de salir yo solo de España.
Y… ¿cómo es? ¿el peruchito está bien? ¿se van logrando los objetivos? Esa es una pregunta muy amplia. De respuesta difícil y hasta discutible. Pero, ¿qué es estar bien? Vamos por partes: tengo trabajo, mi compañera también, mi spanglish ya empieza a dejar de serlo y tengo un pequeño departamento sólo para mi niña y yo. Alquilado, pero, creo que lo adecuado para empezar. En una ciudad en donde se hablan más de 300 lenguas del mundo y no te conoce ni Dios, eso ya es bastante. ¿Hago lo que me gusta? Sí, hasta el momento en un 50% por ciento y ahora mismo lo estoy haciendo, para ustedes.
Ya me empiezo a sentir inmerso en este sistema y también una pequeña parte de esta loca sociedad que desayuna en los trenes, come en los parques y toma el lonchecito caminando mientras regresa a casa. ¿Y el clásico té inglés de las 5 de la tarde? ¿qué? De eso, nada señores… mariconadas, costumbres languidecientes o leyendas urbanas que se tejen para el mundo. Lo hace la reina y sus círculos, pero yo todavía no me muevo en esas grandes ligas.
Han pasado 120 días y ayer comprobé que ya estoy dentro ¡Y vaya si lo estoy! Celebré con la algarabía de un primerizo mi primer sueldo oficial. Cinco minutos después descubrí las 295 libras que me descontaron de impuestos (1.233 nuevos soles). Mi compañero cubano con 20 años viviendo en la ciudad me lo explicó: “Eso es polque tú estas cobrando aquí pol primera vez en tu primer trabajo mi helmano. Tómalo suave chico…que al comienzo todos hemos sentido que nos meten esa tremenda vaina pol detrás”…Gracias Pepe, yo también te quiero…continuará.










Recordemos; que todo cambio produce un choque emocional y esto es más significativo tratándose en un país europeo; sólo queda adecuarse y dá la impresión que ya te estás ubicando ¡ adelante ! sólo estás cuatro meses y se ve el avance.