No culpen a mi inglés
Como tengo una mega cabeza, nunca utilizo gorras. Recién ahora me he visto en la obligación de colocarme el dichoso accesorio y más por un caso de emergencia que por estética. Hace ya una semana del accidente y la cara de ese peluquero pakistaní jamás se borrará de mi mente. Además del tremendo forado que me dejó en la mitra he estado martirizándome desde entonces pensando que si mi inglés no es lo suficientemente aceptable para explicarle a un barbero como quiero el corte de cabello, entonces, debería agarrar mis cuatro cachivaches e irme de este país. Pero menos mal, no era por eso. Yo sí me expliqué bien y punto. Resulta que el muchachito llamado Ghulam estaba haciendo sus prácticas “dizque” para estilista y no se le ocurrió otra cosa que depurar errores conmigo…me lo explicó su tío luego de disculparse conmigo unas 40 veces, al menos eso entendí porque solo juntaba las manos y me hacía unas reverencias tipo karateca.
El susodicho asesino capilar no sabe el perjuicio ocasionado y en el recuento de los daños debería cobrarle hasta la gorra que tuve que comprar de emergencia en el primera tienda que encontré. Una de colorinches, con un dibujo abstracto adelante. La más grande y con pega pega para poder calzármela sin asfixiar mis neuronas. ¿Tavo con una gorra de reggaetonero? Ese no era yo y tampoco es mi estilo, como no lo es en mí la desenfrenada violencia, aunque aquel día me desconocí y casi mato a mi agresor (ahora entiendo al increíble Hulk cuando se rayaba y le salía la fuerza bruta que lo ponía todo verde)…imagínense ustedes…joderme el look, meterme la podadora sin piedad y hacerme un hueco del tamaño del culo de una botella de cerveza y con el agravante de que uno ya empieza a prepararse para el inevitable camino al calvario (léase quedarse pelao). Así fue amigos, así empezó mi día previo a mi primer día de trabajo oficial en Londres. Quería llegar bien bacán y llegue todo palteado, pero solo para mí. La buena noticia es que aquí poco importas a los demás y cada uno va a su rollo. Puedes hacerte y ponerte lo que quieras, igual nadie te va a mirar.
En fin, tengo para dos semanas más con la dichosa gorrita, hasta que se repueblen las zonas afectadas. Por lo menos me queda el consuelo que la tragedia no fue por mi inglés, ese va mejorando. Entonces, mucho cuidado muchachos: lo barato sale caro, tómense su tiempo y si vas a entrar a una peluquería en donde el peluquero solo se comunica por señas, por lo menos que tenga un diploma colgado en la pared, así en la puerta diga: Hair Design & Beauty, “The Wonderful Ghulam”.












¡Caramba, Peruchito!, ahora no sólo tiene usted una cabeza con amplia capacidad de ideas, sino que también muy despejada. Así que no lamentaré el hecho, pero tampoco lo felicitaré. Hay cosas que pasan por algún motivo, todo tiene un por qué. Mientras le daré algunas ideas para afrontar el imprevisto. Podría dejarse una coilita y con el sombrerito adquirir el look de Boy George. O si no se lo empareja todo y pasa como Hoolligan. También podría tentar en otros campos del amor, pues a muchas chicas les agrada el look fálico. En fin, hay muuuuchas ideas (que seguro están en algún rincón de su cabeza) que podrían servirle. A usar la testa, se ha dicho… y la lengua también. Suerte con el inglés…. (y las inglesas).
Gracias por el comentario estimado Paulo…se tendrán en cuenta sus interesantes sugerencias
Muy buen relato. 🙂