Lecciones de la pandemia que atravesó fronteras

Un virus saltó de un animal y se coló en un mundo individualista que avanzaba a oídos sordos y sin descanso. El resultado, 87 mil muertos y millones de empleos destruidos en todo el planeta. Es la crisis más devastadora desde la 2da guerra mundial.
Pese a lo visto se quiso ganar tiempo
El 17 de noviembre de 2019 dio comienzo el despertar de esta pandemia de escala global. La primera víctima, un hombre de 55 años. Vivía en Wuhan, China. Desde entonces el Covid-19, entre aviones y toses, entre estornudos y maletas de viaje, comenzó a propagarse por el mundo.
De China pasó a Italia y después a España, el resto de Europa también se ha visto contagiada, lo mismo que Latinoamérica y África. El virus dada su letalidad inaudita exige una vacuna y por ahora cuidados extremos. No piensan así los líderes políticos negacionistas como Jair Bolsonaro, Donald Trump y Boris Johnson, este último infectado por el virus, todos ellos a pesar de los muertos que ha registrado esta pandemia, optaban semanas atrás por recomendaciones antes que medidas drásticas. Ahora con un elevado índice de fallecidos dudan a la hora de confinar del todo a la población para enfrentar el desastre.
Un virus al que se le restó importancia
No nos ha pillado por sorpresa. Se veía venir. Ya en febrero de 2017 Bill Gates advertía sobre la necesidad de tomar medidas serias, pues cabía la posibilidad de que un patógeno que se propaga por aire acabe con la vida de 30 millones de personas en menos de un año. Suman a la fecha casi 1 millón y medio de personas contagiadas y más de 87 mil muertos en todo el mundo y la cuenta al día crece. Otro aviso proviene de 2018, en un artículo de Simon Parkin, Irwin Redlener, director del Centro Nacional para la Preparación ante Desastres en la Universidad de Columbia, también se anticipaba a una pandemia simulando el confinamiento que ahora vivimos. Aunque no ha ocurrido todo tal como vaticinó Parkin, acertó en el colapso de los sistemas sanitarios. Era de esperarse en países como España donde tras la crisis de 2008 se recortó de forma drástica el gasto en sanidad.
Mucho camino por andar pese al encierro
No sabemos si lo peor ya ha pasado. Un pequeño indicio el despertar de Wuhan, tras dos meses y medio de confinamiento. En Italia han descendido los muertos y en España tras 15 mil decesos, lo mismo. Y aunque es indicio de ralentización el personal sanitario de estos países, siguen jugándose la vida con miedo a que el fin de la cuarentena dispare nuevos contagios.
En Perú donde se extiende el contagio, también se ha implantado la cuarentena, y aunque con esto se busca proteger a la población, el miedo mayor es que colapse el desprotegido sistema sanitario que arrastra desde hace años.
La vida por encima de la muerte
Es imprescindible que gobiernos a nivel mundial trabajen en sólidas políticas compartidas de sanidad para que el próximo virus no nos tome por sorpresa. Es necesario. En el virus somos iguales. Cualquiera es vulnerable. Lo único que no se recuperan son las vidas, valiosas todas, en cuanto a los proyectos truncos, partidos de futbol aplazados, estudios postergados, negocios o trabajos perdidos, siempre se puede empezar. Aun cuando se asegure que la catástrofe económica que se avecina sea peor que la pandemia, la vida siempre estará por encima. La inversión en sanidad es urgente porque la enfermedad no tiene fronteras.
Foto: Getty Images












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