La suerte que tuve
Durante cada domingo de muchos años de mi infancia, adolescencia y cierta juventud yo salía temprano en las mañanas con rumbo conocido para no volver a casa hasta finalizado el atardecer.
¿Papá puedo visitar a mi Papá?
-Claro hijo y pórtate bien, no hagas renegar a tu Papá. Ese era mi Papá Eduardo, el esposo de mi Mamá a quien los primeros meses de conocerlo solo me atrevía a llamar tío, pero después comprendí y descubrí que con él se rompía el típico arquetipo del padrastro malo. Suena muy fría esa palabra para un hombre como él. Yo tuve suerte y obtuve la lotería con mí Papá Eduardo, el hombre generoso que hace muy poco tiempo se fue físicamente pero nunca dejó de ser el mismo. Hasta el final de su presencia terrenal todo fue a su manera, con alegría y un sentido de la amistad a prueba de balas, además, de ese optimismo del que a veces tanto carezco en cada instante de mi vida. El vecino más querido del barrio, por bueno y servicial. Respetado por esa simple manera de ser que tienen las personas que saben ayudar por el simple hecho de ayudar. Así fue, es y seguirá siendo el gran Papá Eduardo.
Cuando yo decía al Papá Eduardo que salía de casa, era para ir a visitar a mi Papa Alberto y él, a su vez, respetaba y reconocía la bondad de Eduardo: “Ese señor es una buena persona, respétalo”, me decía. Por eso digo que tuve la mayor suerte del mundo. Yo te agradezco por eso Papá. Te agradezco por eso y mil cosas más. Me guías y aconsejas cada momento de mi vida, sabes que te quiero y respeto aunque muchas veces discutamos y tengamos opiniones distintas. Será porque precisamente no somos polos opuestos sino todo lo contrario y la ausencia de “piconería” no es precisamente uno de mis atributos.
Familiarmente estoy solo desde muchos años por estos lares, pero gracias a ti no me siento tan solo. Nos separan dos continentes y más de 15 mil kilómetros pero yo recibo tus llamadas como si se tratará de la esquina de mi casa. Me has demostrado más de mil veces que para ti no hay barreras ni sacrificios si de un hijo se trata. Sé que sigo siendo tu gran dolor de cabeza y que tu tranquilidad se alimenta a través de mis éxitos y que solo estarás mejor el día que me veas estar donde sabes que quiero estar. Sé también que mientras escribo estas líneas estás lejos de casa cuidando a un hijo convaleciente. Tranquilo, que todo va saliendo bien y tienes de tu lado esa profunda convicción cristiana que acompaña tu vida.
Te envío un gran abrazo Papá. Te deseo un Feliz Día del Padre a ti y a todos los Padres del mundo. Yo no lo soy, pero pronto me ocuparé de ese asunto para saber lo que significa ser Papá y para entender lo que a veces no entiendo y tantas veces me tratas de explicar.










Un poco tarde, pero igual quiero darte el pésame por la partida de tu papá Eduardo, quien fue al que conocí y puedo dar crédito del cariño que sentía por ti. Recuerdo un día en el que te estaba esperando en tu sala y a la llegada de otras visitas me presentó como el «amigo de mi hijo.» Si tengo presente ese detalle es porque justo por esos días un compañero de la universidad me presento a «su entenado» y me dio mucha pena ver la cara del muchacho al oír esa expresión. Pero ya que hablamos de ese tema, me agradaría que ya te animes a tener tus propios hijos. No sabes la emoción tan grande que te causa su llegada. Realmente no se puede expresar con palabras el sentimiento que despiertan en tu persona. Cuando los ves por vez primera te dices a ti mismo «al diablo con plantar un árbol y escribir un libro, ya cumplí todas mis metas en esta vida.» La llegada de mis «enanos» (el mayor ya me sacó una cabeza) provocó en mí que viera la vida de otra manera. Aparte de más feliz, ahora soy más responsable y mucho más precavido a la hora de tomar mis decisiones, ya que las consecuencias no sólo pueden afectar a mi persona, sino también a ellos, y eso no me lo perdonaría.
P.D: Sí pienso plantar un árbol.
Cuando se tiene buenos sentimientos siempre se recuerda y se quiere a los padres
Hola Tavo…. te acompaño en el grato recuerdo a tu Papa Eduardo, los que lo conocimos damos fe de tus palabras y lo recordamos como tal … no se porque me ha robado estas palabras….sera la desvelada. un fuerte abrazo Tavo… se te extraña.
Han pasado mucho años para poder oir (o, en este caso, leer) algo que yo y otras personas te decíamos: «Qué suerte tienes de tener dos padres».