A ver quién duerme ahora
Ovejas, abejas, abejorros, mosquitos tigre, ya no sé que contar para poder dormir y nada, no hay manera. Morfeo no me quiere en sus brazos y yo sólo escucho llover en esta madrugada de viernes. Más tarde saltaré de la cama para ir a trabajar. ¿Ir a trabajar? Sí, sí señores, soy un afortunado, por ahora. Estoy casi nominado, pero por ahora pertenezco a esa rara especie que por ocho horas deja sus esfuerzos y entrega su cansancio físico y mental en pro de la misión y visión de una empresa de las más peculiares que he visto en mi vida. Es como ese antiguo programa «La Isla de la Fantasía» ¿lo recuerdan? en donde el enanito Tattoo gritaba ¡Señor Roth el avión, el avión!…un lugar en donde cualquier cosa podía pasar. Así es mi centro laboral.
Entonces, retomando, decía que dentro de cuatro horas exactamente iré a trabajar, pero antes encenderé la caja boba para ver el noticiario de las 6 am. Como todos los días, tomaré un cafecito caliente todavía con los píes bajo la manta y como todos los días la entrega noticiosa se dividirá en tres bloques: Crisis en Europa, Campaña Rajoy vs Rubalcabal y Fútbol (básicamente Barza y Real Madrid), claro está descontando los robos, parricidios y demás contaminantes que nos ofrece, como todos los días, la actualidad informativa. No hay más, hay menos y todos los sabemos. Honestamente no le doy más de una semana para que se produzca el Knock out de la economía española. El rescate es inminente como también es seguro que quien gane las elecciones este domingo no nos va a salvar de nada. Ojalá me equivocara Dios mio.
Muy atrás quedaron esos recuerdos de una España de bonanza en donde este peruchito podía elegir el lugar donde trabajar. Así todo chulo y como bueno me decía a mi mismo: «la empresa que no me brinde facilidades para estudiar que se vaya al carajo», así lo decía y así lo hacía. Pues me salí con mi gusto ¿Para qué me ha servido? No lo sé, pero hace nueve años éramos ricos y hace apenas tres la crisis, esa palabra empolvada y en desuso era sólo aplicable a los países pobres y dicen que «tercermundistas».






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