Entre dos mundos: El Amaru de dos cabezas y las tormentas de Junín
Aquí, en Magdalena del Mar, un distrito costero de Lima, se encuentra la hermosa Plaza Túpac Amaru II. En el centro de la plaza se alza un monumento a Túpac Amaru II. Pero antes del hombre y la revolución, existió la criatura misma, «Amaru», de quien proviene su nombre.
Por: David Linn
El cielo gris de la garúa se cierne sobre mí mientras estoy aquí sentado, pero no se preocupen, aquí en Lima no lloverá. Esta historia trata sobre Junín, en la sierra central del Perú, donde pueden caer fuertes aguaceros.
En la mitología andina, el Amaru es una serpiente poderosa y sobrenatural que representa las fuerzas de la naturaleza. En lugar de ser representada como una simple serpiente, es una criatura híbrida: la cabeza es la de un poderoso depredador, como un puma o una llama, que representa la tierra; las alas de un cóndor, que simbolizan Hanan Pacha, los cielos; y el cuerpo serpentino, que representa Uku Pacha (el inframundo y el agua).
Sus dos cabezas suelen mirar en direcciones opuestas, simbolizando el encuentro entre el pasado y el futuro, o la transición entre la estación seca y la lluviosa.
El amaru se asocia generalmente con el agua y habita en el fondo de los lagos o en el interior de montañas sagradas (Apus). Cuando el amaru emerge de su morada subterránea, su aliento crea la niebla y las nubes que traen la lluvia a los Andes, y su movimiento provoca los terremotos. En algunas leyendas, el arcoíris simboliza un Amaru gigante que se extiende por el cielo, conectando la tierra fértil con las aguas celestiales.
Existen muchas versiones de las leyendas del Amaru, pero una de las más populares se centra en la región de Junín.
Una versión de la leyenda narra una grave sequía que secó los lagos y diezmó a la población. Para salvar al mundo, las altas cumbres de las montañas
(Huaytapallana y Pariacaca) dieron a luz a dos enormes Amarus: uno de plata y otro de oro. Su gigantesca batalla en el cielo produjo truenos y relámpagos, y finalmente, fuertes lluvias. La lluvia no fue ligera, sino un diluvio que restauró la vida, volviendo a llenar los lagos y demostrando que, en los Andes, la creación a menudo requiere una gran perturbación.
Otra versión de la leyenda del Amaru es un cuento infantil peruano moderno de Danilo Sánchez Lihón, El Amaru: Semididos del Agua.
Esta historia también comienza con una grave sequía, en la que Sánchez Lihón utiliza un colibrí (picaflor) para volar hasta la cima del monte Waytapallana, en la región de Junín, a pedir agua. En esta versión, el Amaru se presenta más como un semidiós de la fertilidad y la vida, y no como un monstruo destructivo. En esta historia, el Amaru actúa más como un «puente», y su batalla es un «diluvio que restaura la vida».
En los Andes, el Amaru desempeña un doble papel: representa la destrucción de la tormenta y la necesidad de renovación.
A menudo se culpa al Amaru de las inundaciones y los deslizamientos de tierra (huaicos). En el mundo andino, esta destrucción forma parte de un Pachakuti (una especie de renovación del espacio y el tiempo). Es como decir que la inundación es destructiva, pero una «limpieza» necesaria que deja tierra fértil y mantiene vivos los valles durante la estación seca.
Mientras estoy aquí sentado en la plaza, a pocas cuadras de la siempre bulliciosa Avenida Brasil, viendo cómo se derrumban edificios antiguos, el polvo y el ruido de las nuevas construcciones, en mi mente, es como un Amaru moderno, una «restauración a través del caos».
Foto: Mythlok













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