Ángeles infravalorados

Dicen que lo mejor para escribir historias es estar dentro de ellas. Vivirlas en carne propia y ser de alguna forma protagonista de lo que se quiere decir, enriquece el poder narrativo y compenetra con la historia agudizando con objetividad total la pluma de los cuenta cuentos, sí, algo así como los grandes escritores y literatos del mundo.
A años luz estoy de eso, tendría que volver a nacer para escribir así, pero, quizá puedo contar como testigo de excepción lo que viví en esta lucha. Es por agradecimiento a Dios, a la vida y de manera especial para reconocer a todas esos seres que enfrentan sus combates personales en batallas que se dan sin tregua y que son mucho más duras cuando la lid es uno contra uno. Es para valorar a los infravalorados , a aquellos héroes que no se respeta cada vez que se desacata. A ese tremendo equipo del NHS aquí y a cada personal sanitario del mundo al que se ofende cada vez que alguien hace lo que le da la gana. Fuera de la ley. Solo porque todavía no han tenido al bicho dentro de ellos.
Estoy en los dos últimos días de mi aislamiento y espero no estar siendo imprudente al ponerme ya frente al ordenador. Vuelvo a escribir algo después de días. Dejar la web, mis videos y el trabajo en general, ha sido una de las partes más duras en la lista de daños colaterales que trae el covid. Decía líneas arriba que daba gracias a Dios y lo haré siempre porque mi caso tiene que haber sido lo que los especialistas llaman un «covid suave». No tengo registros de haber tenido una altísima fiebre en ningún momento y ese intenso y martillante dolor de cabeza, cansancio muscular, más la pérdida total del gusto y el olfato son los síntomas que persistieron desde el principio, gracias a Dios, parece que ya empezaron a irse.
Esa terquedad propia de mi gran cabeza, me hacía negar hasta el final y ante todos que yo podía tener el virus. Por esa extraña y humana sinrazón de creernos especiales, muchos pensamos “no, a mí no me va a pasar”. En mi caso, culpaba al típico resfrío de estas épocas del año en el helado Londres, ese que al menos una vez cada 365 días, me ataca por no más de una semana.
El cuerpo a cuerpo
Por circunstancias de tiempo y espacio esta lucha la tuve que enfrentar a solas, es decir sin la única integrante de mi reducido núcleo familiar. Fue lo mejor, pues con ella fuera del país desde hace dos meses, se había evitado un contagio más y espero que cuando las restricciones aéreas en algún momento le permitan volver, yo estaré totalmente recuperado. En esta parte necesito destacar la lucha de todas aquellas personas quienes tienen que enfrentar esta enfermedad completamente solas. Ancianos en soledad, gente sin familia, estudiantes extranjeros o inmigrantes. Mis queridos miembros de la comunidad inmigrante que lejos de su tierra se encontraron cara a cara frente al virus. La capacidad de defensa es menor cuando uno es físicamente uno en la familia, afortunadamente, siempre hay almas buenas pululando.
Las noches en donde los síntomas se agudizan más y parecen no irse nunca alargan las horas y desesperación que no van a parar por más vueltas que te des en la cama. El vaso de agua te lo sirves tú mismo y eres el responsable de lo que te pueda pasar. Se recomienda poner la mente en blanco y no pensar en nada. Eso es muy difícil cuando te martilla la cabeza o si lo único en que piensas es que de esa quizá no salgas. Los servicios de delivery colapsados en estos días, no ponen fácil el asegurarte los alimentos que se necesitan para recuperarse más rápido. A eso y más se enfrentan las personas que viven solas. No nos engañemos, en muchos casos hay frases y buenos deseos de tus conocidos o “amigos”, pero se dicen desde la diplomacia. A la distancia, de lejitos nomas, para no contagiarse porque a la hora de la hora mucha gente que te conoce no se moja, no se arriesga. Tienen que asegurarse ellos , tienen familia, y hacer eso es lo correcto, ¿verdad? Yo creo que también lo haría.
La luz al final
Felizmente, en casi todas las historias hay gente que siempre nos hace ver la luz al final del túnel. Son como ángeles extraños en tu vida que te pueden dar más y en los momentos que más se necesita. Mi gran agradecimiento al cuerpo de voluntarios del NHS. Jossie, Joshua o quizá me dijo “Joseph”, no recuerdo el nombre (yo estaba aturdido), pero llegó hasta mi portal con bicicleta y mochila al hombro para salvarme con los alimentos. Gracias a ti caballero inglés de madura edad que en un acto raro en estos tiempos, volviste incluso al día siguiente a dejarme el pan que te habías olvidado en la primera compra. Gracias a ti tuve los alimentos que ayudan a la recuperación. El nombre es lo de menos, tengo tu número y cumpliremos una promesa. Cuando esta pesadilla pase para todos y las personas podamos compartir otra vez, te enseñaré ese español que tanto te gusta y quieres aprender. Tomaremos un café mientras tú me cuentas a cuantos más ayudaste, eso de todas maneras…valioso voluntario del NHS Volunteer Responders.
A los que me puedan leer
Vivo en un tercer piso sin ascensor y cuando bajé a recoger la comida lo hice raudo, cogí las bolsas y regresé a casa. Ese gesto que casi lo hago a diario bajando los escalones de tres en tres , esta vez me fulminó. No fueron más de dos minutos pero me dejaron sin aliento, sentí en mi cuerpo una tremenda agitación, inquietud en los pulmones y podía oír una versión amplificada de las pulsaciones en mi pecho. Me tuve que recostar por más de tres horas hasta volver a estar un poco más normal, sí yo mismo, un grandullón de 82 kilos y que va al gym por lo menos una vez por semana para estar en forma y ser más “cool”.
Ese es el covid-19 amigos. Ese es el maldito bicho. Te debilita por dentro de una manera rara, se hace pasar por indefenso pero de eso no tiene nada. Desde mi vivencia personal puedo decir que no le deseo a nadie las tres últimas noches que pasé el fin de semana, y soy consciente que lo mío debe ser nada frente a los casos extremos . Seguro estoy que fui un “caso suave”, sin mayor fiebre, sin internamiento, ni problemas para respirar.
No subestimen nunca esta enfermedad amigos lectores. No hagan caso a esas lenguas que andan por ahí negando la pandemia. Hagan oídos sordos a los negacionistas. Den la espalda a esos odiadores profesionales de redes que critican todo. Ni puto caso a aquellos que andan haciendo campaña para intentar convencer de no vacunarse. Si ellos o algunos de ustedes no quieren vacuna, está bien, cada uno elige, pero no intenten contaminar a los otros. Este mal ya ha cobrado tantas vidas como para tener que escuchar a los que se burlan de su existencia y lo minimizan.
Cuídense de él lo más que puedan. No lo subestimen. El bicho cabrón es persistente y fuerte, pero nosotros siempre podremos ver la luz al final del túnel.
Foto: César P.












Lo explicado es vivencia, real, que lo ha sentido en el alma y nos lo comunica para lograr mayor ayuda de nuestra parte, para evitar caer en este terrible mal, evitar más contagios. Gracias a esos ángeles que por gracia divina se nos presentan para darnos una ayuda. Gracias a Nuestro Señor.