La aldea de los Pitufos en la vida real: un viaje al Bosque de Piedras de Pampachiri

¿Buscas un destino poco convencional para tu viaje a Perú? La Aldea de los Pitufos (o «La Casa de los Pitufos») es uno de los destinos geológicos más singulares del país.
Por: David Linn
Situado en el Bosque de Piedras de Pampachiri, en la región de Apurímac (cerca de Andahuaylas), este lugar parece sacado de una película de ciencia ficción.
El sitio, que abarca unas 60 hectáreas, se formó hace más de 4 millones de años a raíz de erupciones de volcanes cercanos, las cuales dejaron grandes pirámides de ceniza y roca. A lo largo de los milenios, los fuertes vientos andinos y las lluvias erosionaron la roca más blanda de las bases, dando lugar a formaciones rocosas naturales con forma de cono y de seta.
Estas formaciones rocosas cónicas, que alcanzan hasta 10 metros de altura en el altiplano andino, se han hecho conocidas como la «Aldea de los Pitufos» debido a su parecido con las casas en forma de seta de los famosos personajes azules. Mucho antes de recibir este apodo, su nombre original en quechua era Ayamachay («Cueva de los Muertos»), lo que refleja los vínculos culturales preincaicos con los refugios rocosos naturales y los sitios funerarios.
Durante más de un siglo, los pastores andinos de la zona han utilizado estos conos de roca huecos como vivienda para protegerse del frío y de los fuertes vientos de la alta montaña. Los pastores construyeron muros de piedra y barro en los huecos, y añadieron pequeñas puertas de madera y ventanas bajo los techos de roca con forma de seta. Tras generaciones de pastores que adaptaron estos conos rocosos como hogares —dotándolos de dormitorios y cocinas—, una familia local todavía reside allí, cuidando sus rebaños de ovejas y alpacas.
Un consejo a tener en cuenta si planeas visitar esta zona —que parece un pueblo de cuento de hadas habitado— es acudir al amanecer o al atardecer. Las estructuras rocosas contienen grandes cantidades de cuarzo y otros minerales; por ello, durante las horas crepusculares, los colores de las formaciones cambian a tonos cobrizos, anaranjados y dorados. La mejor época para visitar el lugar es durante la temporada seca, de julio a noviembre. Recuerde que allí todavía viven familias locales, por lo que se recomienda contratar guías de la zona y respetar la propiedad privada de los habitantes.
Mantenga los ojos bien abiertos… en la zona también se le conoce como «La Aldea de los Duendes Andinos». Según las leyendas locales, en las noches de luna llena surgen pequeños espíritus o duendes de las rocas huecas.
¡Buen viaje!
Foto: Redbus












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