Día Internacional del Migrante: irse es volver… a empezar
Cada 18 de diciembre se celebra internacionalmente el Día del Migrante. Un día para los que se van. El ser humano y los animales se van de todas partes, por necesidad, por hambre, debido al instinto de supervivencia. Cuando se nace, uno emigra del vientre materno, sale a flote, emerge a la realidad para empezar una nueva forma de vida.
Se dice que el ser humano es inmigrante dada su naturaleza, que nos vamos de todas partes y que se nos van los años con el tiempo. Que las horas del día nos obligan a irnos de un lugar a otro. Que mientras dormimos viajamos en sueños, que nos vamos todo el tiempo.
Viajes y destino
Emigrar a otro país es cambiar de registro. Las costumbres conforman nuestra vida, pero cuando uno se va de su país tiene que hacer frente a otras realidades, a otros aires, a otros destinos y a otras formas de expresión. Si el idioma resulta que es el mismo que uno habla, el problema se vuelve menor, si el idioma es diferente, la cosa se complica, aunque la riqueza lingüística a la larga sea mayor. No olvidar que emigrar es perder. También, ganar. El tiempo con el paso de los años se vuelve un aliado, sobre todo cuando es domingo y surge la añoranza.
También es cierto que uno solo hace referencia a cómo le ha ido en el baile. No todas las inmigraciones son iguales. Todos los que se van, no parten del mismo lugar. Tener conocimiento de eso es importante, aunque en las calles ajenas todos los que nos fuimos seamos iguales.
Emigrar en la actualidad
Hoy en día vivimos en un mundo convulso, un mundo que ama lo rural y al mismo tiempo lo depreda, un mundo donde la inmigración se apoltrona en ciertas fronteras europeas, se cruzan océanos y mares. Quienes lo hacen en avión, intentan sacar provecho de todo su esfuerzo, otros lo hacen en rústicas embarcaciones, exponiendo su vida y a veces en el intento se los traga el mar. Ya no es extraño enterarse de la muerte de africanos que perecen en las aguas del mediterráneo. Ya no es extraño hablar de campamentos donde el frío acecha. Ya no es extraño, para los inmigrantes más dolidos del mundo, caminar miles de kilómetros, en busca de una oportunidad.
La diferencia está en el otro
El inmigrante siempre será una cara distinta. Una voz diferente. Una forma de estar que no se asemeja a lo local, aunque con el tiempo pueda ser abducido por la cultura ajena, por los espacios que ya hace suyos, por las formas de hablar que también forman parte de esa cultura de acogida. Pero a pesar de todo eso, el inmigrante nunca dejará su condición. Siempre será extranjero y qué bueno que sea así, porque eso querrá decir que el inmigrante al no ser reconocido como local, seguirá visto como uno de los suyos, uno más de los que un día lo vieron partir, esos a los que en ocasiones regresa mediante recuerdos, en llamadas telefónicas y a través de pequeñas costumbres que no se han perdido. Los alimentos son la muestra de que hay algo voluntario en no querer perder esa esencia. Por más que uno asuma su condición de inmigrante, mantiene latentes hábitos y preferencias.
Costumbres que no se pierden
Emigramos nosotros, pero nuestro paladar se queda a veces en nuestra tierra. Emigra nuestro cuerpo, en cambio, nuestra mente a veces se queda en el lugar de origen, muchas son las veces que nuestra mente vuelve, retorna, solo por un tiempo, luego se asume que los años pesan y que ya no es difícil entender que un día tocó irse. Familias enteras se trasladan con el tiempo. No dejan a nadie y es a veces, cuando uno deja de extrañar, porque uno se va, pero al mismo tiempo se queda.
Un día todos se van
Emigraron músicos, científicos que también tienen su arte, emigraron pensadores y emigraron también futbolistas, emigraron escritores y diseñadores, emigraron bailarinas y actrices, emigró también gente corriente, pero con espíritu de lucha que es finalmente lo que cuenta cuando uno se va. Importan los golpes en la vida tan duros, yo no sé, como diría Vallejo, el poeta peruano que murió en París, pero también importan las puertas que uno patea para entrar.
Idas constantes
Un día escuché que alguien decía que hay una condición que identifica a los inmigrantes y que está emparentada con las profesiones de riesgo que enganchan. Y es que cuando uno se va por primera vez, luego se sigue yendo, de manera constante, de un lugar a otro, como si la propia existencia así lo exigiera, hasta el día en que finalmente nos vamos… Y eso es algo que nos pasará a todos, pues finalmente todos somos seres que un día nos iremos a habitar esos mares helados y celestes que están más allá del cielo, ahí donde las aves migratorias emergen su vuelo constante cuando toca cambiar de destino.
¡Feliz Día Guerreros…Feliz Día Migrantes del Mundo!
Foto:Camilo Cruz/OIM













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