Del 6 al 21
Todavía tengo la sensación de que no pasó. Pienso que fue uno de esos largos sueños que terminan con un repentino final no necesariamente malo. Han pasado dos semanas pero tengo impregnados en mi mente cada hora, minuto y segundos de mi viaje a Lima y mi reencuentro familiar. En esta ocasión ha sido el más entrañable, íntimo y diferente de mi vida.
La pequeña se hace grande. Mi querida Lima ha crecido y ahora avanza rápido desarrollándose muy vertical y altanera como queriendo ya hacer cosquillas al cielo. En muchas zonas se le puede piropear y decirle preciosa que linda estás”, en otras partes con un “cómo has cambiado pelona, será suficiente”. Barrios con la cara nueva y bien «maquilladita» ahora me brindan esa grata imagen de que algo mejoró. Zonas transformadas, centros comerciales, vías rápidas, luz, “huecos” acogedores, negocios y un Estadio Nacional que me hinchó el pecho y ameritó en mi un: “Asu mare”, me hicieron sentir muy bien en mi Lima Limón, mi capital, la nunca bien ponderada ciudad donde nací un octubre de hace tanto que ya ni me acuerdo.
¿Mi Barrio?…especialmente mi barrio, mi esquina, mi barrunto, no ha mejorado. Caprichosamente mi barrio ha empeorado. Siento que en todo el Perú, sólo mi barrio no ha mejorado. Sé que sonaré como un cabrón traicionero rajando del lugar donde crecí y fui muchas veces ciertamente feliz. Pero es así, y hay que decirlo. Creo que ya no me conoce nadie en mi barrio y de los buenos vecinos, la mayoría- se han ido seguramente al cielo poco a poco- y unos cuantos se han mudado a una de esas zonas que sí merecen un piropo. Puedo contar con los dedos de la mano la gente buena que queda en mi barrio. Los amigos de siempre no tienen tiempo para mí. Deben pensar primero en como alejar a sus retoños de los riesgos que puede implicar las juntas con las nuevas generaciones de mi barrio.
¿Mi familia?…mi familia fue lo mejor de esta aventura. Disfruté a mi pequeña familia, como creo ellos me disfrutaron. No hubo playa, ni piscina ni grandes paseos, los cambiamos todos por nuestros desayunos y comidas en la mesita oval- en donde otra vez- frente a los tamalitos, panecitos con mantequilla, jamón y los infaltables “ recalentaditos” de la víspera, todos hablaban a la vez, mientras mi madre respondía a una pregunta formulada hace diez minutos. Luego, salía con una ocurrencia buena de verdad que nos dejaba a todos “descunchinflados” de la risa. ¡ Había sido chistosa mi madre!… yo le veo punche para el stand up comedy- a lo mejor la hace linda- ¡Cuídate Carlos Alcántara! Luego, está mi hermano que a su ya famoso mote de “destroyer”, esta vez suma una nueva chapa: ahora lo llaman “A plazos” así, a secas, porque todo lo hace en cómodas cuotas mensuales. Por eso antes de partir, he recomendado a Mamá que para armar el nacimiento y árbol de Navidad 2013, se lo pida ya mismo, o sea en abril.
Mi padre, mi sobrina, mi nueva amiga parcera y la cariñosa Mili, todos están bien. Las niñas prodigan amor a mi madre y eso hace que me sienta mejor y algo aliviado por no estar ahí. La realidad es que ahora estoy aquí , pero espero estar cada vez más allá-algo más que del 6 al 21 de febrero- la próxima vez quizá podamos pasear mucho. Al sur, a cualquier playa o la piscina, pero después de los desayunos y deliciosas comidas en la mesita ovalada de madera amarilla.











Es ese sentir del cambio que sólo lo ve alguien que vuelve el que uno espera escuchar en su terruño. Al menos uno que tiene presente que las cosas pueden mejorar y que otras es mejor que se mantengan igual a que empeoren.
Lima y su infraestructura renovada nos dice que uno sí se puede maquillar para verse bien. Y si le sumamos a ello la actitud (positiva, desde luego) tendremos como resultado un lugar acogedor para recibir a los que un día se fueron.
Hasta los podríamos convencer de que se queden.
Siempre suelo decir que la gente no cambia, sólo se adapta. Pero tal parece que al pasar los años la gente sí se transforma. Allí está lo de decir que ahora la madre se ha vuelto «chistosa». Y lo de la nueva chapa del hermano. Al parecer, para sumar una nueva chapa tuvo que adjudicárselo en diez años a plazos, jeje.
Un lindo homenaje a su familia de un hijo que retorna al Perú por unos días. La familia recibe cada palabra con mucho amor y alegría deseándole lo mejor del mundo y su pronto regreso