Debate: ¿la violencia contra la mujer y los programas basura ya están totalmente normalizados en nuestra TV?

El tema del acoso y maltrato a la mujer en la televisión peruana además de los contenidos basura se ponen otra vez en discusión tras los últimos comentarios ofensivos del modelo y exchico reality Nicola Porcella.
Por: César Pastor G.
Programa Todo Por Amor (Latina)
Emisión: Lunes 17 de febrero 2020
Nicola Porcella le dice a un concursante sobre su compañera de conducción Karina Rivera:
«Acá nadie se ‘gilea’ a Karina, más que los gerentes del canal que nos van a poner la plata”,el más que desatinado y ofensivo comentario que soltó Porcella sobre su coanimadora en ese momento pareció pasar desapercibido, el programa era en vivo y la afectada no dijo nada. Fueron los usuarios de las redes sociales quienes se mostraron ofendidos y al instante condenaron la actitud del modelo acusándolo de «machista e ignorante», además de recordarle a él y al canal que lo contrató, sus antecedentes de violencia contra la mujer.
Tras el revuelo originado en las redes sociales y opinión pública hasta el Ministerio de la Mujer se pronunció condenando las frases de Porcella, al día siguiente, el ex chico reality no salió en el programa y Karina Rivera dio una ligera explicación al respecto. Pasados dos días parece que la televisora Latina solo estuvo esperando que se «calmaran las aguas» porque el pasado 20 de febrero Nicola Porcella volvió y continuó con la conducción sin disculparse ni mencionar nada, todo como si nada hubiera pasado.
Vamos para atrás
Durante el régimen del gobierno fujimorista fuimos testigos de una gran cantidad de programas de televisión y diarios sensacionalistas con un contenido que premiaba la mediocridad con titulares amarillistas. Muchos años más tarde, la televisión peruana no solo todavía arrastra las secuelas de una época denigrante que amenazaba con apoderarse de la pantalla chica, sino que parece haberse fortalecido en sus formatos mediocres y ofensivos. ¿Se ha fortalecido y enquistado la TV basura en nuestro país?
Para tomar solo un ejemplo del tema tratado hablemos de ‘El Valor de la Verdad’ . El programa ha anunciado su retiro hace pocos días, pero en su momento se convirtió en punto de críticas y alabanzas. Por un lado estaban las altas cifras de ráting que hacían del periodista Beto Ortíz líder indiscutible de las noches de los sábados , y en contraparte, estaban las duras críticas que derivaron a raíz del asesinato de la primera concursante del show, Ruth Thalía Sayas Sánchez, corría entonces el año 2012.
La producción del programa decidió continuar con el polémico formato, pero esta vez con invitados de la farándula.
Es esos años, personajes como Laura Bozzo, Rómulo León, Kenji Fujimori, Angie Jibaja, El «Mero Loco» o Susy Díaz, entre otros, ocupaban las horas estelares de la pantalla y los teníamos en casi todos los programas de entonces, hoy en día, todo ellos ya con perfil un poco más bajo, han sido reemplazados por Angie Arizaga, Brunella Horna, Yahaira Plascencia, Melissa Klug, Sheyla Rojas o el propio Nicola Porcella, por citar solo algunos ejemplos. El esperado cambio generacional se va produciendo pero para el mal. Involución es la palabra, o para decirlo más criollo y como decían nuestras abuelas: «estamos caminando para atrás como el cangrejo».
El ráting manda, pero, ¿manda para qué? No es cuestión de competencia, es un tema de principios y educación. ¿Qué mensajes estamos dando a nuestros hijos? ¿Vivimos en tiempos donde la mediocridad debe ser premiada y la tv basura ya es lo más normal del día?
«Nosotros tenemos el poder del control remoto y cada quien decide qué cosas prefiere ver por la TV. ¿Es en realidad tan fácil como eso?
Foto: La República (Archivo)












Excelente nota. En realidad se originó en el gobierno de A.G., pero fue el de Fuimori el que lo institucionalizó.
Y no es fácil librarse de la TV basura porque está ligada a las malas costumbres peruanas. Es en esas costumbres donde tiene su arraigo.
Ese tipo de TV basura se origina creo yo en las bases de una deficiente grado cultural que consume esos «programas»