Covid-19: por respeto a la vida, cuidémonos lo mejor posible

Que somos seres mortales eso ya sabíamos, pero hoy más que nunca somos conscientes de que a todos, un día, nos tocará partir de este mundo. Siempre cuesta aceptar la muerte, pero más ahora, porque lo escuchamos a diario y
estamos, qué terrible, familiarizados con la idea de morir.
Ahora sabemos que, de un momento a otro, la vida puede revertirse. Nadie en absoluto está libre. Clamamos por la salud, lo repetimos una y otra vez. Con la Covid-19 se ha vuelto demasiado frágil el hecho de vivir.
La covid-19 un nuevo intruso
Y es que la Covid-19, ese virus invisible con el que mental y físicamente, en costa, sierra y selva combatimos, de forma cruel y salvaje sigue presente en el mundo. Nos refresca y avisa, y trae a colación de forma recurrente, que un día todo termina, que el contagio y la falta de oxígeno son reales, están ahí y matan.
Las cifras van en aumento
En Perú suman ya más de cuarenta mil las pérdidas a razón de esta pandemia y a nivel global más de 2,1 millones los fallecidos. No es fácil acostumbrarse a convivir con el dolor que a su paso va dejando este virus, pero qué remedio,
nos acostumbramos, como se empezaron a acostumbrar quienes padecieron guerras y lo que sobrevino a las guerras, nos acostumbramos, ancianos, adultos, niños y niñas, como en el pasado, cuando la muerte estaba en boca de
todos, dándole a la vida, en medio de tanto dolor, un nuevo sentido.
El privilegio de estar vivos
El ser humano es un animal de costumbres, nos adaptamos a todo, así hemos sobrevivido como especie, aceptando desgracias, incluso y aunque duela, si a esto se suma la pérdida de nuestros seres queridos. Sobrevivimos, unos más
que otros, es cierto, pero aun en condiciones adversas, la vida sigue estando por encima de todo. Es un privilegio estar vivo.
Respeto a la vida
Quien lo iba a decir: cuanto más avanzados en tecnología, cuanto más robotizado el mundo, menos a salvo nos íbamos a encontrar como especie humana. Ahora sabemos, o mejor dicho: hemos vuelto a aceptar que habitamos un planeta necesitado de cuidado, y que el ser humano por más empeño no ha sido capaz de dominar la naturaleza, y eso, en cierta medida, nos pone al límite y nos abre los ojos, generaciones futuras darán cuenta de esta lección de humanidad que todos venimos experimentando entre 2020 y 2021 por eso, los que a pesar de la muerte estemos vivos…, por respeto a la vida, cuidémonos lo mejor posible.
La vacuna: una esperanza
En medio de toda esta guerra, la ciencia ha salido a relucir y eso es positivo, dándonos en tiempo record, la esperanza de la vacuna, cuya finalidad es combatir y acabar con el virus, es en realidad una esperanza real en medio de
esta explosión de muertes y contagios, una esperanza que debería correr al mismo contrarreloj que corre el virus, para todos los países del mundo. Y si se ha logrado encontrar ya una vacuna se debe al esfuerzo de científicos y los
avances en ciencia, la vacuna es la prueba de que por delante de todo está la vida, y de que los humanos, de países desarrollados y en vías de desarrollo, seguimos poniendo por delante el hecho de vivir.
El futuro volverá
Que a pesar del dolor vendrán días mejores, estamos seguros, días en los que la muerte torne a ese lugar oscuro, espacio azaroso de siempre, y quizá aunque seamos conscientes de que todo tiene fin, recuperaremos cierta calma,
dejaremos de protegernos, y la sonrisa volverá a nuestros labios, dejaremos atrás el desconcierto y el miedo en el que andamos por ahora sumergidos. Por lo pronto ahora, en esta segunda cuarentena, por nosotros, por los que estamos y por los que se han ido, rememos juntos, hagamos un último esfuerzo. Tenemos el privilegio de estar vivos.
Foto: ANDINA/Jhony Laurente












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