¿Y dónde está el presidente?

El sombrero de paja chotano le queda tan grande que se esconde debajo de él. No habla, no hace conferencias, no informa y no quiere despachar desde palacio. Se hace el cojudo a tono con su estampa, mientras quizá sí hable con una única persona de quien recibe directivas, la que lo puso en donde está, su mentor y guía, y no lo decimos nosotros, sino el propio Guido Bellido.
Nos tranquilizaría saber que está estudiando, devorando libros para aprender algo o grabándose a fuego lo que dice la Constitución. Pero no le da. No sale a corregir disparates de los esbirros de Cerrón, no se desmarca, no deslinda, diera la impresión de que está escondido en el baño de su gran palacio como cuando un niño no quiere salir a saludar en la fiestita que se ha organizado para él.
No habla, pero sí manda a poner cercos para asegurar lo que le encanta. El secretismo, la cochinadita oculta. Lo que se esté haciendo y preparando debe ser muy malo, por eso el plan es poco a poco ir dinamitando la voz de la prensa que denuncia y por la cual, antes que, por la justicia, se conoce la calaña de muchos de los que están en el poder.
¿Y la vicepresidenta? Ella sí habla, mejor dicho, grita, exige y apela para obtener su licencia laboral. Vicepresidenta por cinco años, pero sin perder su otra chamba, ¡qué tal cuajo de la Boluarte! Como si no fuera ya tanta vergüenza ajena tenerla donde está.
Los que los eligieron y defendieron tampoco hablan, seguro despertarán un poco ahora para insultar y amenazar al sentirse tocados. Acá nadie es fujimorista, acá nadie voto por Keiko, pero acá nadie en su sano juicio tampoco puede sonreír o callar ante la palabra terrorismo. Nadie terruquea, se terruquean solos y se defienden entre ellos.
El Perú se va al carajo, y más rápido de lo que se podía ir con la otra. El problema es que, a este muppet con sombrero de paja, así como lo ven, lo mueven otras fuerzas, más fuertes que él.
Todavía queda el nuevo Congreso, habrá que ver eso. Quizá al final, la calle con voz firme, la calle sin violencia, pero pisando fuerte, será quien tenga la última palabra.
Foto: El Nuevo Herald






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